Apenas
se apagaron los ecos del bochornoso recuento en la Florida de las
elecciones presidenciales del 2000, cuando la polémica se mudó hacia la
pregunta de cómo arreglar un sistema causante de un cortocircuito
democrático que dejó al paÃs más poderoso del mundo a la deriva durante
un mes.
En sintonÃa con la tradicional respuesta de Estados Unidos a los
grandes desafÃos, el veredicto de los expertos fue buscar la solución
en la tecnologÃa y, en particular, en el voto electrónico.
Con más de 30 años de experiencia en las ciencias informáticas y diplomado por las mejores escuelas de ingenierÃa del paÃs, el doctor David
Dill se supone que fuera un acérrimo abogado de aprovechar la
misteriosa tecnologÃa de los microchips y los megabytes para enderezar la maquinaria electoral.
Pero a medida que fue averiguando cómo funcionaban los sistemas
electrónicos de votación, cuáles eran sus vulnerabilidades y cómo
respondÃan a las exigencias del proceso democrático, su opinión cambió.
El hombre que ahora es considerado como una de las autoridades del
paÃs en el voto electrónico es también uno de los mayores enemigos de
sistemas computadorizados como el que utiliza el Condado de Miami-Dade,
que ha sido objeto de polémica desde que lo adquirió en el 2002 por $25
millones.
El Departamento de Elecciones del Condado se encuentra desde el año pasado sopesando si debe desechar las máquinas electrónicas.
Dill asegura que cita el ejemplo de Miami Dade para persuadir a
otros gobiernos locales de que no confÃen en este tipo de votación.
Sus conocimientos le han llevado a ser consultado por grupos cÃvicos
venezolanos y por el Centro Carter sobre la fiabilidad del sistema
electoral venezolano, del cual asegura que técnicamente es bueno, pero
evita pronunciarse sobre si se utiliza correctamente.
Una máquina de votar electrónica puede convertirse en el mejor amigo de un gobierno autoritario, advirtió.
Profesor de Ciencias Informáticas de la Universidad de Stanford
desde 1987 y graduado del Instituto de TecnologÃa de Massachusetts
(MIT), Dill pasó esta semana por Miami invitado por la Coalición para
la Reforma Electoral de Miami Dade y se sentó a conversar con El Nuevo
Herald.
Uno de los desafÃos que enfrenta el sistema electrónico de
votación como el de Miami Dade es que algunos sectores de la población
dudan de su fiabilidad porque el voto es invisible, no se ve, ni se
toca. ¿Hay alguna manera de superar ese temor?
Esa desconfianza es completamente racional.
A veces, me encuentro con gente dispuesta a creer los resultados que
ofrece una computadora como si fuera una especie de oráculo.
Para un cientÃfico informático, eso no es asÃ.
Votar con una computadora tendrÃa el mismo tipo de sentimiento,
aunque más especÃfico, como saber si se podrÃa infiltrar y corromper el
sistema de una manera muy difÃcil de detectar.
Por otro lado, hasta ahora no hay evidencia de irregularidades con el voto electrónico.
Pero de lo que me di cuenta cuando empecé a estudiar este tema, es
que no es una cuestión de probar que se cometió un fraude, sino de que
los resultados sean precisos y que el bando derrotado acepte que
perdieron.
Sobre el futuro del voto electrónico, no tengo problemas en que se
utilicen computadoras, si es que hay comprobaciones independientes.
La única manera actual de hacerlo es dejar un rastro de papel.
Aún si la máquina no es honesta, el votante puede cerciorarse de que
su voto quedó correctamente registrado y luego se puede contrastar si
los votos en papel coinciden con los electrónicos.
La Florida falla en todo esto. No hay un rastro de papel y no hay procesos establecidos para contrastar los resultados.
Es muy difÃcil conseguir un recuento en la Florida.
Usted ha recibido consultas sobre la fiabilidad del polémico sistema de votación electrónico que utiliza el gobierno de Venezuela. ¿Qué sabe de su funcionamiento y qué opinión le merece?
Se me acercó la gente de Súmate, y he concluido que no sé qué pensar.
Ciertamente tuvieron muchas quejas derivadas del referendo revocatorio, algunas con fundamento y otras sin él.
Los orÃgenes de Smartmatic [la firma responsable del sistema venezolano] son un poco turbios.
Pero por otro lado las máquinas funcionan y dejan un rastro de papel que el votante puede verificar.
Supuestamente, realizan auditorÃas al azar, que es el procedimiento que yo recomiendo.
Sobre el papel, los procedimientos en Venezuela son mejores que en
Estados Unidos, por lo cual es difÃcil para alguien de fuera que no
conoce su cultura, ni ha estado de visita, darse cuenta exactamente de
lo que sucede.
Venezuela sirve de ejemplo de cómo uno tiene que ir con cuidado en
la gestión de elecciones cuando tienes que convencer al lado perdedor
de que los resultados son legÃtimos.
Si alguna vez llegamos a este nivel de confrontación en Estados
Unidos, y a lo mejor a ese nivel nos dirigimos, tenemos que tener mucho
más cuidado con nuestro sistema electoral.
¿Es fácil manipular las máquinas de votar? Nos hemos cansado de
escuchar a sus fabricantes y a los funcionarios electorales asegurar
que sus sistemas de protección son impenetrables.
Cuando se habla de sistemas de seguridad, tienes que pensar a quién le interesa violarlos.
A quien le resultarÃa más fácil es al fabricante o alguien dentro de la compañÃa.
Como alguien dijo: ``La diferencia entre una persona con acceso y otra sin acceso, es que la primera conoce los códigos de seguridad y las identificaciones''.
Hay muy pocas personas que te puedan decir que eso es posible de evitar.
Puede ser más o menos fácil inflitrar las máquinas, pero lo que puedo asegurar es que es más fácil para alguien de dentro.
De hecho, no hay ninguna máquina de votación electrónica de la que podamos decir con confianza que es honesta o certera, porque la gente continuamente comete errores programando.
Sin una verificación independiente, no hay manera de confirmarlo.
Para mÃ, de hecho, es más un tema de transparencia que de seguridad.
Uno confÃa en los sistemas de votación en papel porque ves tu boleta, como queda depositada en la urna y como se cuentan.
Con el voto electrónico, no ves nada, porque todo pasa dentro de la
máquina. No se puede ver ninguna parte del proceso, por lo que no te
queda más remedio que confiar en los funcionarios electorales y en los
fabricantes que te dicen: ``ConfÃa en nosotros''.
No creo que esa debe ser la filosofÃa electoral.
Nos han asegurado que nadie puede infiltrar estos sistemas.
Esa afirmación es del todo sospechosa. La gente puede dibujar todas las gráficas que quieras en el proceso de certificación.
Yo solÃa creerlas cuando empecé en esto en el 2003.
Pero lo que se ha demostrado una vez y otra es que todas esas
protecciones son fachadas, que las cosas que nos deben proteger son
prácticamente inservibles.
A nivel federal tenemos unos estándares legales sobre seguridad que se limitan a un párrafo.
Los procesos de certificación implican laboratorios privados, que son sufragados por los fabricantes, y de los que sólo entregan reportes con los resultados cuando son exitosos.
Ion Sancho, el supervisor de elecciones del Condado de Leon, en el norte de la Florida, realizó hace unos meses un experimento con un hacker que consiguió infiltrar el sistema de votación.
Tanto los fabricantes, como el gobierno estatal, argumentaron que
las condiciones en que se habÃa hecho la prueba le restaba
credibilidad. ¿Cuál es su opinión?
Lo que hizo fue perfectamente legÃtimo y razonable.
Reveló vulnerabilidades que no se habÃan detectado, ni siquiera en el proceso de certificación.
Dice que los fabricantes y los funcionarios alegaron que la prueba no fue justa. Eso es un reclamo falso.
No tiene sentido. No ves a ningún experto en seguridad informática decir algo asÃ.
El error que se halló no es difÃcil de explotar, por lo que asegurar
que el problema es que lo descubrieron de forma equivocada, está fuera
de base.
¿Cree entonces que el voto electrónico deberÃa desecharse en favor de sistemas menos complicados, como los escáneres ópticos?
SÃ, sÃ, oscilo entre desechar completamente las computadoras y votar a mano, volver a principios del siglo pasado.
Uno de nuestros problemas es que nos hemos enfocado en la tecnologÃa
y nos olvidamos de los procedimientos que maximicen la transparencia.
El problema con el voto electrónico es que imposibilita los
procedimientos, no hay procedimientos que lo puedan hacer transparente.
No es que abogue por volver a un sistema completamente manual, creo
que lo mejor serÃan escáneres ópticos mejorados en los colegios
electorales y darle más importancia a los procedimientos.
jutset@elnuevoherald.com
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